Vida en tu cocina | El verano en tu cocina
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El verano en tu cocina

Verano en tu cocina

El verano en tu cocina

INTRODUCCIÓN

El verano es la estación del año en la que la energía llega a su máxima expansión, donde permanece un tiempo para luego comenzar a declinar a finales de la misma. El verano energéticamente es dinámico y con mucho movimiento, lleno de chispa y vitalidad, aunque también se produce un aumento considerable del calor generando pesadez y tensión.

Según la medicina oriental, la energía predominante en la naturaleza en verano es la energía fuego, que tiene que ver con el desarrollo del máximo potencial, el esplendor, la plenitud y la expansión hasta los límites de nuestra capacidad. El color del verano es el rojo y el sabor el amargo. Los órganos protagonistas, los que están más activos, y además necesitan más cuidados en esta estación, son el corazón y el intestino delgado.  El objetivo en la cocina ahora es enfriar, abrir y relajar nuestro cuerpo para estar en armonía con el verano sin debilitarnos, principalmente el sistema digestivo y el corazón.

En verano, es preferible optar por platos simples y apetitosos que, a la vez, nos remineralicen para recuperar los minerales que perdemos a través del sudor. La gran variedad de verduras y frutas de la época estival, nos abre un sinfín de posibilidades para nuestra creatividad en la cocina. Pero si nuestra alimentación se basa fundamentalmente en proteínas animales, grasas saturadas y harinas refinadas (energía pesada, vibración lenta, genera calor) durante todo el año, al llegar el buen tiempo nos sentiremos atraídos por la energía opuesta y, con ello, por un exceso de líquidos en forma de bebidas frías principalmente, azúcar, exceso de crudos (frutas, verduras, zumos…) Todos estos extremos debilitarán a nuestro organismo y nos sentiremos cansados.

 ALIMENTOS PRINCIPALES EN VERANO

  • Todo tipo de verduras de temporada y en abundancia: zanahorias, calabacines, cebollas, puerros, judías verdes, remolacha, rabanitos, pepino, calabazas (hacia el final del verano),… También en ocasiones lechuga, rúcula, canónigos. (muchas de ellas con sabor amargo).
  • Cereales integrales ligeros como arroz de grano largo, basmati, quinoa, cebada, mijo. De forma ocasional, bulgur, cous-cous y polenta (sémola de maíz).
  • Pastas integrales (espelta, maíz, kamut, trigo).
  • Proteínas vegetales: legumbres, seitán, tofu, tempeh.
  • Tomar una pequeña cantidad de algas a diario, su consumo es muy importante también en verano, nos ayuda a reponer los minerales que perdemos a través del sudor. Dar preferencia a las más ligeras: dulse, nori o wakame. La agar-agar también es muy apropiada para el verano por su alto poder refrescante.
  • Sopas frías de verduras o legumbres.
  • Frutas frescas de temporada: melocotones, albaricoques, cerezas, sandía,… crudas o en forma de gelatina.
  • Emplear condimentos salados en la cocina de buena calidad en pequeñas cantidades (sal marina sin refinar, salsa de soja, umeboshi, miso).
  • Utilizar frecuentemente hierbas aromáticas frescas que aporten frescor a los platos (menta, albahaca, cebollino, cilantro, hinojo, perejil…).
  • Incorporar regularmente una porción pequeña de germinados en nuestra comida (alfalfa, rúcula,…), así como de pickles o encurtidos (aceitunas, de verduras, …).
  • Utilizar una pequeña cantidad de semillas o frutos secos al día (aporte de grasas de buena calidad).

 ALIMENTOS A EVITAR O REDUCIR

  • Controlar el consumo de horneados (pan, bollería, pastelería, galletas, pizzas,…). Evitar los que son elaborados con harinas refinadas.
  • Evitar toda clase de grasas saturadas de origen animal (quesos, embutidos, carnes, otros lácteos,…).
  • Evitar sal cruda,  exceso de condimentos salados y snacks salados.
  • Reducir o evitar los alimentos de origen animal.
  • Controlar el consumo de las verduras solanáceas: tomate, pimiento, berenjena, patata. También espinacas y acelgas.
  • Reducir el uso de alimentos con alto contenido en grasas: frutos secos, semillas.
  • Evitar el consumo de bebidas frías, con hielo, helados.

 BEBIDAS RECOMENDADAS EN VERANO

  • Zumos de frutas naturales y licuados de verduras.
  • Sopas frías o templadas de verduras.
  • Batidos con frutas y bebida de cereales o frutos secos.
  • Bebida de cereales fresca.
  • Variedad de infusiones refrescantes: té verde, menta, hierbabuena,…
  • Té bancha, té kukicha, té roiboos, café de cereales.

PRECAUCIÓN EN EL CONSUMO DE CRUDOS

Con la llegada del verano, la época de calor, apetecen más alimentos refrescantes, sobre todo si durante el invierno se ha tomado proteína animal y grasas saturadas como parte de la alimentación habitual. Mucha gente para combatir las altas temperaturas consume exceso de alimentos en crudo como ensaladas, frutas y zumos, así como de bebidas frías, con hielo y helados. Todo esto puede  debilitar el organismo.

Es cierto que esta época del año es la más apropiada para incrementar el uso de crudos, aunque debemos hacerlo con moderación para evitar que el organismo pierda fuerza.

A aquellas personas con tendencia a ser frioleras, el consumo excesivo de crudos las puede enfriar y debilitar demasiado de cara al otoño. A estas personas se les recomienda:

  • Sopa de miso ligera a temperatura ambiente.
  • Verduras y ensaladas de verduras escaldadas o hervidas escasos minutos frías.
  • Variedad de infusiones refrescantes: té verde, menta, hierbabuena,…
  • Té bancha, té kukicha, té roiboos, café de cereales.

En cambio, las personas con exceso de calor, constitución fuerte y sistema digestivo fuerte pueden incrementar el consumo de verduras y frutas en crudo en forma de ensaladas y zumos para disipar el calor interior acumulado.

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 BIBLIOGRAFÍA

  • Cuevas Fernández, Olga (1999), El equilibrio a través de la alimentación (Cenadiher) 
  • Bradford, Montse (2001), La nueva cocina energética (Océano Ámbar)
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